En nuestro proceso de preparación de las temporadas que estamos produciendo para Desafío 2030, hemos tenido la oportunidad de conversar con diversos ejecutivos de empresas y conocer las iniciativas que están llevando a cabo para ajustar sus modelos de producción, sus canales de distribución y su impacto social y ambiental. En estas conversaciones hemos revisado las estrategias de marketing y cómo el lenguaje publicitario también está incorporando aspectos de inclusión social, igualdad de género y mensajes que inspiran a una vida más sana y sostenible.

En esta conversación la Agenda 2030 exige mucho más que un simple inventario de apoyo financiero o exhibir sus acciones filántrópicas realizadas desde sus áreas de responsabilidad empresarial, desarrollo comunitario o mitigación ambiental. Los ODS en particular son un llamado a las microempresas hasta empresas multinacionales a hacerse cargo, recurriendo a un despliegue de creatividad y principalmente a incorporar una cultura de innovación desde la cual desarrollar soluciones a preocupaciones sociales y ambientales relacionadas directamente con su operación para transformar sus negocios en agentes de contribución hacia un desarrollo sostenible.

Pero cómo es el proceso de transformación o qué acciones y prácticas son las recomendadas para que las empresas implementen una estrategia de sostenibilidad. Estas y otras preguntas son las que tienen de cabeza a muchos gerentes de empresas, presionados por sus directorios y consumidores a realizar urgentes y profundos ajustes. Y es que la tarea no es nada fácil, ya que la operación no puede detenerse para hacer este cambio y quizás es más simple para aquellas empresas que están en el proceso de diseño y creación de sus modelos, en los cuales no hay historia, no hay clientes y dónde todo puede ser desarrollado desde el inicio utilizando criterios de sostenibilidad.

En este dilema la “Comisión Global de Negocios y Desarrollo Sustentable” aglutina al liderazgo internacional del ámbito empresarial, al sector financiero y a la sociedad civil. Su objetivo va encaminado a orquestar y presentar fundamentos económicos para dar señales claras del por qué el mundo empresarial ha de comprometerse en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS).

En nuestra interpretación existe una brecha importante que tiene que ver con una falta de entendimiento de cómo implementar los ODS en las empresas y principalmente, en cómo incorporarlos a nivel estratégico operativo. Por otro lado, la bajada de los ODS ha sido asumida en muchas de las empresas por el área de responsabilidad social empresarial, que históricamente tiene una valoración cuestionada por los gerentes de producción y ventas. Areas que están totalmente enfocadas en producir resultados de corto plazo y donde frenar para conversar sobre nuevos modelos de negocio es visto como amenaza o riesgo en los resultados de rentabilidad que les exigen.

En este sentido, el desarrollo de una cultura de innovación aparece como facilitador de la adopción de una transición empresarial hacia un modelo de desarrollo sostenible. Es a través de la innovación donde en procesos breves de tiempos y con la guía de expertos en innovación, sumado al trabajo conjunto entre las empresas de un sector, el gobierno y la sociedad tienen la oportunidad de generar colaboración para redefinir focos relevantes asociados a algunos ODS que tienen que ver con el corazón del negocio o desarrollar nuevas áreas de negocio. Un ejemplo que destacamos es el desarrollo de las plantas de hidrógeno implementadas por Siemens, que se hacen cargo de solucionar el almacenamiento de energía producida a partir de energías renovables, representando un enorme potencial de negocio y alto impacto en favor del medio ambiente como fuente de energía.

Otro excelente caso de esto, es lo que está realizando la Cámara Chilena de la Construcción a través del impulso de una política de promoción de una construcción limpia, incorporando procesos industriales que reducen los residuos y/o la reutilización de los residuos generados. Así como de la articulación multisectorial orientada a ciudades que están experimentando un crecimiento importante como son el nodo Puerto Montt/Puerto Varas o La Serena.

A partir de la colaboración entre el PNUD, el Centro Internacional de Estambul para el Sector Privado en el Desarrollo, el Llamado de Acción Empresarial y Deloitte, el compromiso con los ODS no solo no tiene que ver con la buena voluntad o el mejoramiento de la reputación frente a la sociedad: es un movimiento que avanza a partir de organizaciones proactivas y sostenibles. Según el informe elaborado por estas organizaciones, conseguir que la adopción de los ODS sea parte fundamental del negocio de las empresas puede contribuir a; ¨generar nuevos ingresos, aumentar la resiliencia de la cadena de suministro, contratar y retener talento, despertar el interés de inversionistas y asegurar licencias de funcionamiento¨.

Desde el punto de vista táctico, ¿cómo se visualiza entonces un compromiso en virtud del cual las empresas fusionan el propósito con la rentabilidad? ¿Cómo pueden las empresas determinar si están listas para tal fin?

El compromiso con los ODS puede concretarse en un concepto innovador pero comprobado que data de hace diez años: las empresas inclusivas, que tienen como fin lograr los mismos objetivos de cualquier otra empresa, propiciando el crecimiento de los ingresos, generando valor y acelerado la ampliación empresarial. Es fundamental sin embargo que las empresas inclusivas creen acceso a oportunidades de empleo para poblaciones desatendidas. A medida que las empresas inclusivas crecen, también aumenta la capacidad de subsistencia de las personas en esos mercados. Según el informe, muchas empresas exitosas, entre ellas Unilever, Philips y Novartis, han adoptado este modelo, registrando un crecimiento progresivo en su rentabilidad gracias a la innovación y a la adaptación, al tiempo que estimulan el progreso en línea de la consecución de los ODS.

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