En algún momento de nuestra vida nos topamos con ese tiempo en el cual aprendemos a pedalear. Para muchos será en la infancia o la adolescencia. No obstante, por motivos poco claros, algunos tienden a dejar tirada la bicicleta, para luego reencontrarla ya de adulto. Aunque sabemos que otro tanto nunca la ha soltado. El hecho es que, si hoy ya estás andando en bici sabemos que haz logrado ir más allá, a lugares más lejanos, a barrios sorprendentes y hasta conocido ¨picadas escondidas para chuparse los dedos¨ en tus recorridos cleteros. Como sea, tenemos la interpretación de que la bicicleta es uno de los objetos que más permite extender el cuerpo, llevándolo a descubrir nuestros entorno y a participar de un habitar ciudadano que generalmente va asociado a una disposición a apreciar la sencillez que trae el transitar la ciudad sobre pedales.

Nada de suben, estrujen, apretujen, bajen

Dentro de las experiencias que observamos en nuestro recorrido por Alemania, está el desarrollo de múltiples soluciones que más allá de lo implementado, muchas de ellas son de sentido común y responden a la voluntad de conversar multisectorialmente para generar un buen vivir urbano. Colaboración entre municipio, empresas de transporte, ciudadanos y urbanistas, hace más sentido que la competencia de mercado, de intereses o de poder, que permite crear artefactos, sistemas o servicios que se hacen cargo de las preocupaciones del ciclista.

Hace cinco años y en este mismo espíritu, Pablo y un grupo de amigos se juntaron con la idea de vincular el
patrimonio, con el reciente boom del ciclismo urbano. De esa mezcla nace lo que hoy conocemos como Bicipaseos Patrimoniales, una suerte de comunidad de voluntarios, amigos y amantes de explorar la ciudad con un sentido más profundo. Con más de 50 rutas distintas, Bicipaseos Patrimoniales ha logrado generar relatos que rescatan la historia de cada barrio instalando un sentido apreciativo del territorio.

 

Recorrer la ciudad de una forma tranquila, permite que las familias y niños conozcan rincones únicos, que difícilmente se logran detectar desde un automóvil o un bus. Y es que arriba de la bici, somos los dueños de nuestro ritmo y la altura a la que andamos nos da una nueva perspectiva muy cercana del barrio, instancia perfecta para disfrutar la ciudad, compartir con otros y movilizarnos sin contaminar. Y es que Bicipaseos Patrimoniales traen al andar una invitación a conocer la historia detrás de cada fachada, iglesia o puente como una forma de valorar el patrimonio que nos define como ciudadanos. Una práctica que en Alemania se da culturalmente en onda de paseos urbanos bajo el contexto que muchas de las ciudades vivieron procesos de reconstrucción y de instalación de ciclovías, cobrando vida una gran cantidad de memoriales, arquitectura, parques que es factible ver durante un recorrido sobre dos ruedas.

Aprovechamos de agradecer a Pablo Arriagada y a todo el equipo de Bicipaseos Patrominiales por la gentileza de compartir lo que hacen y por el compromiso de llevar adelante esta iniciativa ciclista.

Contacto: https://www.facebook.com/bicipaseospatrimoniales/

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