Así como las personas, las empresas también deben definir qué hacer con sus residuos, fuimos a Buin, donde está la casa central de Viña Santa Rita para conocer un proyecto que está intentando, a partir de un residuo, generar un producto de alto valor para la industria alimentaria.

Jorge Heiremanss es el gerente de operaciones de la viña y miembro del comité de sustentabilidad e innovación, él nos cuenta que la viña envasa cerca de 350 mil botellas de vino al día. Una producción de esta magnitud, nos abre la pregunta sobre qué hacer con los residuos del vino, ya que para hacer una botella de vino de 750cc se necesita más o menos un kilo de uva, lo que significa que hay un 25% que no es líquido, que es sólido y parte de ello, el escobajo que es la maderita que agarran las uvas y los racimos y, la otra parte es el orujo. Con ello realizan un proceso de compostaje  para producir un producto que se agrega al suelo de las parras a fin de mejorar el suelo y dando nutrientes y microorganismos , o sea mejora el terroir, mejora la condición del suelo de donde la parra produce uva.

 

Las grandes cantidades de orujo que se acumulan cada año, producen un problema de costos y gestión, que por largo tiempo no han podido solucionar. Durante mucho tiempo la viña buscó respuestas para esta problemática, pensaron desde hacer alimentos para animales, combustión, hasta fabricar ladrillos con estos residuos. Pero desde hace un par de años comenzaron a trabajar en un nuevo proyecto junto con la Fundación Fraunhofer, que pretende cambiar por completo el manejo de residuos en esta industria.

¿Será posible entonces, que los residuos puedan entregar nuevos beneficios a la industria del vino?

 

Carlos Saffie indica que Fraunhofer a través la investigación e innovación aplicada ha visto que uno de los valores, de los compuestos más ricos del vino son los polifenoles, que son los antioxidantes, que en palabras simples nos hacen bien para la salud. Al procesar el orujo del vino se extraen los polifenoles y la investigación que están llevando acabo busca sacar una molécula que se llama resveratrol, que es la llamada “molécula de la vida”. Luego de procesos tecnológicos que aíslan los compuestos, se genera un componente líquido, que finalmente será micro encapsulado con la intención de hacerlo más estable y así pueda ser agregado a distintas matrices alimentarias.

 

Rescatar un residuo para convertirlo en un producto de alto valor agregado, solucionando un problema y convirtiéndolo en un potencial negocio es parte de lo que llamamos innovación sustentable, este círculo virtuoso de la sustentabilidad nos invita a pensar en que el desarrollo sostenible, sí es posible.

 

  

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